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Iniciativas ciudadanas creativas para la transformación social | Urbanismo Táctico

En los últimos 25 años se ha duplicado la población urbana sin que se hayan encontrado soluciones para los problemas que conlleva semejante crecimiento demográfico. Es en este contexto en el que surgió el urbanismo táctico (tactical urbanism): intervenciones iniciadas por la ciudadanía para llevar a cabo intervenciones de pequeña escala y bajo coste para mejorar su barrio. A través de esfuerzos creativos menores, inspirados en el floreciente urbanismo táctico, muchas iniciativas han sido sumamente exitosas. De todas formas, el movimiento enfrenta ciertas limitaciones. Una publicación de la Stanford Social Innovation Review se pregunta cómo podría continuar evolucionando este enfoque para lograr cambios sociales y políticos inclusivos, sostenibles y significativos a nivel local.

El urbanismo táctico ha cautivado a una nueva generación de arquitectos, urbanistas, diseñadores y organizadores comunitarios que centran su atención en espacios deteriorados, vacíos y peligrosos en los que realizan intervenciones para imaginar, mejorar y poner en valor parques, calles, pasos e intersecciones alrededor del mundo. Sin embargo, este enfoque no ha quedado exento de críticas: algunos remarcan que únicamente genera beneficios para un segmento socioeconómico privilegiado dentro de la gran población urbana. Asimismo, otros destacan la falta de visión estratégica y creen necesario medir los impactos producidos. Algunos proyectos de urbanismo táctico se han encontrado con la oposición de parte de la comunidad por no tomar en cuenta sus voces.

De acuerdo a la publicación, los líderes del urbanismo táctico tienen la oportunidad de fortalecer la percepción que se tiene del enfoque y su valor real a través de tres medidas. En primer lugar, se debe asegurar una participación equitativa: las iniciativas deben incluir y comprometerse con los residentes nuevos y viejos durante el proceso de ideación e implementación. Los vecinos tienen una comprensión absoluta de las necesidades del barrio, así como de sus fortalezas y debilidades, por lo que se encuentran bien posicionados para contribuir a establecer prioridades y determinar los mejores métodos para trabajar en la búsqueda de un objetivo común. En segundo lugar, es necesario enfrentar las políticas públicas que fallan. Los que integran el movimiento suelen remarcar la frustración que se genera con los sistemas burocráticos de los gobiernos, y valoran especialmente sus propios métodos como medios ágiles para lograr cambios reales. Sin embargo, los gobiernos son fieles observadores en la identificación de políticas fallidas o adecuadas en las comunidades. Un ejemplo reciente pone esto de manifiesto: en Portland, Oregon, un proyecto a pequeña escala se propuso crear un sentido de comunidad y reducir la velocidad de los vehículos mediante la pintura de murales de colores en algunas intersecciones. Cuando la seguridad mejoró notablemente, la ciudad adoptó una ordenanza que permite a los residentes pintar más áreas. A través de seguimientos de la política como éste, es que los practicantes pueden darse cuenta del verdadero potencial de impacto a largo plazo. En tercer lugar, y en línea con lo último, se debe medir el impacto. Es necesario saber quiénes se benefician, cuál es el impacto en el mercado inmobiliario, los patrones de circulación del tránsito o la actividad comercial, y cuál es el costo social y económico para escalar el proyecto. En la actual sociedad, rica en datos, la evidencia anecdótica es insuficiente para medir los impactos de los proyectos de urbanismo táctico. Se deben utilizar herramientas de medición cuantitativa y cualitativa para abordar la eficacia y la importancia de los proyectos. Los estudios exhaustivos, basados en datos, pueden proporcionar una visión crítica de cómo la gente responde a tales intervenciones. Un ejemplo de esto es un reciente informe sobre las tendencias de uso en “The Porch”, un espacio al aire libre creativo en una icónica estación en Filadelfia, por la cual transitan hasta 2500 personas por hora.

Aunque parece ser un enfoque que se presenta informalmente en la superficie, el urbanismo táctico plantea intencional y estratégicamente los proyectos para que, si se muestran prometedores, las personas puedan implementarlos en un nivel más formal y establecido. Las rigideces sistemáticas, tanto socioculturales, económicas o políticas, son una realidad y constituyen diversos tipos de desafíos para la implementación de las intervenciones. Se alcanzará el pleno potencial del urbanismo táctico sólo cuando se aborden estos desafíos sistémicos.

La publicación concluye que el urbanismo táctico ha demostrado su potencial como método económicamente eficiente y políticamente conveniente para generar un cambio urbano tangible,  que hasta puede propiciar un cambio social y político más duradero.

Para ver el artículo completo de Tactical Urbanismo por Stanford Social Innovation Review: //ssir.org/articles/entry/unlocking_the_potential_of_tactical_urbanism

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